“El viejo era flaco y desgarbado con profundas arrugas en la parte posterior de su cuello. Sus mejillas mostraban las manchas pardas de cáncer de piel que el sol produce con sus reflejos en el mar tropical’. Ernest Hemingway - “El Viejo y El Mar”.
Los años inmediatos a la Segunda Gran Guerra condicionaron una serie de cambios en los hábitos y patrones culturales; así como, en los conceptos sobre la belleza. El aumento en la afluencia de personas a las playas y el bronceado como sinónimo de bienestar y belleza han sido parte de estos cambios.
Datos epidemiológicos han permitido establecer como en los últimos 50 años la incidencia de cáncer de piel en todas sus presentaciones se ha cuadruplicado, convirtiéndose en el tumor maligno más frecuente. En nuestro medio esto no ha sido diferente, representando el cáncer cutáneo el 26,6% de los tumores malignos en el hombre y el 24,1% en la mujer.
A pesar de que estos datos muestran una realidad alarmante, poco se habla de este tipo de cáncer, la razón de ello esta ligada al hecho de ser un tumor fácilmente diagnosticable, de evolución lenta y a excepción de Melanoma Maligno con altos índices de curación, olvidando el precepto de que “Es mejor prevenir que curar”.
El desarrollo del cáncer de piel esta íntimamente ligado a la exposición de radiaciones ultravioletas (UV) provenientes de la luz solar, siendo este prejuicio ocasionado por nuestro benefactor el sol, lo que podríamos llamar su cara oculta.
Estas radiaciones aumentan en las proximidades del Ecuador donde la incidencia de los rayos solares es más directa.
La raza blanca es mucho más afectada y el porcentaje de incidencia aumenta de acuerdo a la proximidad al Ecuador. No parece existir predilección por sexos y en lo tocante a la edad cada década ha disminuido la edad promedio de presentación ubicándose actualmente la mayor frecuencia entre la tercera y cuarta década de vida.
El papel de la herencia en la aparición de tumores cutáneos no esta bien definido. Lo que sí ha quedado claro es que la incidencia de cáncer de piel en los inmigrantes de Europa Occidental a las Ecuatoriales de América y a Australia es entre 3 a 6 veces mayor a la de sus congéneres que permanecieron en Europa, lo mismo es aplicable a los hijos de padres Europeos en estas áreas, se presume que la razón de ello es que genéticamente sus pieles están concebidas para recibir una carga de 3.500 horas al año de radiación solar, que es lo que recibirían en sus países de origen en climas de cuatro estaciones, y no 8.000 horas/ año de sol que reciben en estos climas tropicales.
Aparte de los abusos en la exposición al sol, en los últimos 30 años productos elaborados por el hombre conocidos como Clorofluorocarbonos, empleados en los aerosoles y como refrigerantes en aires acondicionados, han dañado y disminuido la capa de Ozono que rodea la Tierra y que actúa como un filtro para las radiaciones UV, aumentando así nuestra sensibilidad a las mismas.
Por todo esto, es preciso tener presente que la exposición excesiva al sol y el mal bronceado son dañinos para la piel. Los rayos UV actúan sobre la piel dañando las fibras elásticas y el colágeno causando atrofia de la dermis y epidermis, envejecimiento precoz y condicionando la aparición de tumores potencialmente deformantes, mutilantes y aun letales.
Por ello, debe evitarse la exposición al sol entre las 11 AM y las 3 PM cuando la incidencia de los rayos solares es más perpendicular y dañina, y recomendarse el uso de protectores solares e hidratantes durante y después de la exposición. |